DISCURSO DE ORDEN XXV AÑOS - JUEZ SUPERIOR TITULAR MARINO GABRIEL CUSIMAYTA BARRETO
JUEZ SUPERIOR TITULAR MARINO GRABRIEL CUSIMAYTA BARRETO- PRESIDENTE DE LA CORTE SUPERIOR DE JUSTICIA DE MADRE DE DIOS, POR EL XXV ANIVERSARIO DE SU CREACION.
Señor jefe de la Autoridad Nacional de Control del Poder Judicial en Madre de Dios, señora presidenta de la Sala Civil de esta Corte Superior de Justicia, señor General de la Policía Nacional, señor General del Ejército Peruano, señor Prefecto Regional, señora Gobernadora, señores autoridades todos, señor Decano del Colegio de Abogados, señores jueces de todos los niveles, titulares, provisionales, supernumerarios, señores trabajadores jurisdiccionales, administrativos, y quienes que nos acompañan física y virtualmente.
Hoy día la Corte Superior de Justicia de Madre de Dios celebra veinticinco años de su creación, de esos veinticinco años tengo el honor y la suerte de acompañarlos 17 años; en estos veinticinco años de creación, cada uno de los jueces, secretarios, auxiliares, funcionarios administrativos presentes y quienes ya no están con nosotros o están en otras instituciones, hemos hecho lo posible para impartir justicia, justicia con celeridad, con oportunidad, con rostro humano, una justicia que la población espera para vivir en paz, porque la tarea fundamental del poder judicial y de cada juez, es componer la paz y lograr la convivencia, superando las fracturas sociales.
En estos veinticinco años de creación de la Corte Superior de Justicia de Madre de Dios, hemos ido creando paulatinamente numerosos órganos jurisdiccionales, personal, todo ello con un propósito único: De impartir justicia, tal y como nosotros quisiéramos que en su oportunidad - si se diera el caso - impartan justicia como nosotros, con objetividad y absoluta neutralidad; en ese desarrollo permanente de la Corte, a la fecha estamos esforzándonos los jueces que en adición de funciones lo hacen, así como los secretarios y asistentes también en adición, en hacer realidad el sistema de flagrancia delictiva en esta región.
El sistema de flagrancia delictiva es un mecanismo no de control social, sino un mecanismo, para devolver la paz social de forma inmediata, cuyos plazos y términos se computan por horas, no por días, no meses y menos por años; alguien capturado en flagrancia, en cualquier de las modalidades que la ley prevé, es intervenido con las garantías que la Constitución exige, con su defensa desde el mismo instante de ser detenido; el intervenido será sancionado en 24, 48 o 72 horas, dependiendo de la gravedad del delito, porque en un supuesto de flagrancia, los elementos objetivos que acreditan la materialización y conducen a la verdad, y el objeto materia de investigación, están ahí; lo único que se requiere es que el rol del policía, el rol del fiscal que interviene, estén sujetos estrictamente a la Constitución y Ley, para que el juez pueda resolver y dictar una sentencia, y ojalá en algunos casos sean sentencias efectivas, porque la Ley permite dictar sentencias efectivas en aquellos casos cuya condena no alcanzan a cinco años, para persuadir a aquellos que intentan volver a delinquir, a no hacerlo, porque las sentencias no efectivas no son soluciones persuasivas para las personas con inclinación delictiva.
Este distrito judicial creado hace veinticinco años estratégicamente en la frontera con Brasil y Bolivia, no solo ha brindado justicia a la población de Madre de Dios, sino, estratégicamente ha consolidado a nuestra querida patria en esta región, cada uno en su rol, otros cuidando los límites, nosotros imponiendo justicia y componiendo la paz.
En esta región limítrofe con dos naciones, es importante y además es necesario que los jueces y trabajadores se esfuercen para que se componga la paz social y la justicia sea inmediata.
Es evidente que la justicia debe ser sin rasgos de corrupción, no deshumanizada, una justicia humana, pero seria y severa, no hay otra forma de combatir a la delincuencia, a las organizaciones criminales, minería ilegal, que podría infiltrarse en las instituciones.
Con un trabajo donde la policía, fiscalía cumplan sus roles, y los jueces lleguen a dictar las sentencias que correspondan, y ojalá con la razón que subyace en el sistema de flagrancia delictiva, se puedan dictar condenas efectivas y se evite esa puerta giratoria que tanto nos critican, de quien delinque es condenado a una pena suspendida, se vá, y al día siguiente vuelve a delinquir, eso no puede ser, y esa llave está en manos de un juez.
En estos veinticinco años de la Corte Superior de Justicia, no solo se ha consolidado en la frontera Perú – Bolivia, no solamente se ha otorgado justicia a esta zona, sino que, además, las personas que han venido a servir, desde entonces, muchos de ellos presentes, aún con nosotros, han dejado a los suyos, familias, a sus padres, hijos, pero están como personas conscientes que tienen el rol de armonizar a nuestra sociedad y persuadir el avance de la delincuencia.
Con ese propósito, el sistema de flagrancia no solo está instalado en Tambopata, sino, además en agosto o setiembre estaremos instalando en Mazuko porque el Consejo Ejecutivo ha dicho que sí, y ojalá el año que viene se instale en Delta.
Para aquellos que conocen Delta, es fundamental la presencia de las autoridades que impartan justicia, más aún en un contexto donde la violencia contra la mujer es cruda, no tiene límites, y los únicos que pueden parar esa violencia son los jueces, pero repito con neutralidad y objetividad, sin pasiones, sin pretensiones oscuras, sino, con absoluta transparencia, no hay otra forma de impartir justicia.
Han pasado veinticinco años, muchos estamos acompañándolos, en esta Corte que se ha creado, ha crecido, crece y por siempre estará; nosotros los hombres, que somos de tránsito, cada uno de nosotros, sean jueces, sean trabajadores en cualquiera de los niveles administrativo, jurisdiccional, vamos a pasar, vamos a salir más temprano que tarde y la única huella que dejaremos será la calidad de justicia que hemos brindado, la calidad de personas que hemos dado a conocer, y el calor humano que hemos transmitido con resoluciones, o con nuestras acciones de jueces o trabajadores.
Ojalá que de acá a los cincuenta años donde nuevamente nos reuniremos para celebrar con la grandiosidad como lo hacemos hoy, hayamos esculpido al hombre con humildad, hayamos extirpado valores negativos que descalifican a las personas.
Ese es un deber para que la justicia se desarrolle mejor, para que sea sólida, y para que el Perú viva en tranquilidad; también, no podemos ignorar y olvidar que de los jueces depende la permanencia y pervivencia, y ojalá sea por siempre, la existencia de las instituciones y del Estado Constitucional de Derecho y del orden democrático, es la única manera de vivir en libertad y con dignidad.
Por estos veinticinco años de la corte les pido permiso para decir:
¡ ¡ ¡Que viva el Perú! ! !
Gracias.